Por José María Redondo Tortosa.


Si en Almansa se escuchaba
al Jefe de la Estación
que a la gente pregonaba:
“Viajeros al tren” con voz

potente y muy clara,
ahora le escucharemos:
“El tren aquí ya no para
y al Hondo a cogerlo iremos”.

Y nuestra vieja Estación,
con su más de siglo y medio,
marchita como una flor
por no ponerle remedio.

Y a los buenos almanseños,
que en la Estación paseaban,
les machacaron los sueños
porque nunca protestaban.

Y el viejete jubilado
que en un banco se sentaba
y miraba ensimismado
al tren cuando se paraba

fumándose un cigarrillo,
al bajarse los viajeros
ayudaba si un chiquillo
iba entre los pasajeros.

Trenes para Andalucía,
a Cataluña y Madrid
circulaban por la vía
y paraban siempe aquí.

Los trenes de cercanías,
los de largo recorrido
y también los mercancías
con su humo y su silbido.

Almansa ganó prestigio
y Renfe se lo aumentó,
nunca se inició un litigio
y el tren nos favoreció.

Si alguno se averiaba
lo arreglaban los Boteros
y mientras se reparaba
descansaban los viajeros.

Y hubo tantos empleados
como ladrillos y tejas
fabricaban los Collados
con maquinarias muy viejas.

Y aumentó la población
porque el tren trajo progreso
y las Norias y el Mugrón
se dieron un largo beso.

Con las aguas de Zucaña
se bautizaba y bebía
y el Vitorero acompaña
a la Virgen en su día.

Y Coloma con su clan
dio trabajo a sus vecinos.
Y Piqueras y Abellán
elaboraron sus vinos.

Y se ganó en habitantes
y la industria zapatera
llevó al mundo a sus viajantes
para llenar su cartera.

Y los moros y cristianos,
desde los años setenta,
desfilaron como hermanos
y el buen gusto se acrecienta.

Y Almansa siguió creciendo
en prestigio y bienestar
y fue en industrias subiendo
el Polígono Industrial.

Se compró la Casa Grande,
el Regio y el Principal,
y se construye y se expande
porque el sup se hizo real.

Pero tenía que llegar
y llegó el dos mil y pico.
Había cerrado Alfonsico,
se murió el viejo Machico,
compró el Casino un tío rico
y un Alcalde algo tontico
nos invitó a un calentico
para decirnos, bajico:
Me hizo Alcalde el Pepico,
el Presidente bonico,
que era pobre y ahora es rico
con su cara de buen chico.

La Casa Grande fue mía
y gobernó la Alcaldía
por mi glamour y valía
pues todo el pueblo sabía
que el socialismo quería
la Estación en la autovía.
Que el Ave no pararía
y que el tren de cercanía
en el Hondo pararía
y Almansa se quedaría
como el tonto de Almería
que cuando se la cogía
la miraba y se decía:
!Qué estaca tengo María!

!!Chupa del frasco, Carrasco!!
Que si Callado fue un chasco
De Pablo se pone el casco
y lo saca del atasco.
Y Amaya, que es nombre vasco,
a nada le hace asco
y pasó de la Emisora
a llevar el Gabinete
de prensa, pero es ahora
la chica que más promete.

Pero debo terminar
suplicando a mis lectores
que se acuerden de rezar
y decir a estos señores:
!La Estación en donde está!
Que al Hondo vaya Callado,
que el pueblo está cabreado
y se ha manifestado
por haber sido engañado.

!Ay! Chilondro, chilondro, chilondro,
la Estación se la llevan al Hondo,
y el poeta ripioso Redondo
escribió este poema cachondo.

ESTRAMBOTE.

A los señores de ICA yo les pido
que si sale un tío feo criticando
estos ripios ripiosos que he parido
que lo manden besar a don Fernando,
que es un socialista muy querido
y al feo se le sigue atragantando.



José María Redondo Tortosa
9 de noviembre de 2008