Por Cyrano de Bergerac.

Coro de la Uni�n Musical en la despedida de las Monjas Agustinas [Foto:TV Almansa]

Lo presentimos nada más comenzar el acto y ver un joven ciego de la Coral de la Unión Musical de Almansa que cantaba con rabia contenida y lágrimas en su corazón. Todos los presentes fuimos esa tarde ese joven ciego cantor.

Fue el pasado jueves día 2 de Agosto en la despedida de las Monjas Agustinas de Almansa. Tras casi 400 años de estancia entre nosotros (el 6 de enero de 1609 se fundó este convento a instancias de los hermanos Lázaro y Ana Galiano Pina) nos dijeron adiós definitivamente nuestras queridas “Monjicas”.

Hace años ya hubo un intento de traslado de la pequeña comunidad de hermanas a la ciudad alicantina de Denia. Intento que a la postre resultó fallido. Pero la lógica de la escasez de vocaciones religiosas, el progresivo envejecimiento de las monjas actuales y la reducción inevitable de su número no han dejado otra salida que el traslado inminente a otras ciudades –Requena y Úbeda- donde pueden continuar con su vida de entrega a Dios y estar mejor atendidas por otras monjas de la misma orden.

En un sencillo homenaje, surgido de la iniciativa particular y casi improvisado, se dieron cita todas aquellas personas que querían mostrar su agradecimiento a esta institución religiosa que durante tanto tiempo ha formado parte de la historia de Almansa y del devenir cotidiano de sus gentes.

Estas “monjicas” sencillas y humildes nos han acompañado durante cuatro siglos –se dice pronto pero ha sido una gozosa realidad- solamente para rezar y alabar a Dios casi a todas horas. Tarea que para no poca gente resulta extraña, alienante, inútil e improductiva en una sociedad donde solo cuenta lo externo, lo económico y lo práctico. Y para otros muchos es algo misterioso, una prueba de amor sublime, testimonio de otra vida más espiritual, símbolo de una fe y quizás una respuesta a un mundo en ocasiones absurdo y sin sentido.

Sin embargo estas mujeres, además de rezar en su vida enclaustrada, también se ganaban su sustento haciendo labores de bordado tanto de manteles, corporales y ornamentos sagrados como mantelerías, ajuares y prendas de vestir o de adorno según encargo. O envolvían caramelos o bombones para la empresa Alfredo Reig. O realizaban “tareas” para empresas de calzado como tantas y tantas familias de Almansa, cuando el calzado era la principal seña de identidad de nuestra industria.

Y, aunque escondidas, siempre estaban ahí para aconsejar a quienes buscaban un sentido más profundo a su vida y transmitir su experiencia de Dios con alegría y generosidad. A veces hasta aconsejaban cómo había que relacionarse con los demás o con los miembros de la propia familia para hacer más enriquecedora la convivencia humana.

Convento de las Monjas Agustinas de Almansa

También han sido un espacio de culto, silencio y alabanza para los cristianos que se habían acostumbrado a “oir Misa” en y con las Monjicas. No pocas personas empezaban el día o celebraban la festividad del domingo con ellas, escuchando el mensaje de Jesús, agradecidos por tenerlas en nuestra ciudad y jubilosos por compartir unos mismos ideales cristianos.

Pero todo esto se acabó. El tiempo y las circunstancias nos han jugado una mala pasada. Han arrasado nuestra vida y nuestra historia y nos han dejado en el corazón un poso de melancolía. “Tenemos los almanseños un agujero en el alma”, nos dijo un organizador del acto. Y por ese agujero se nos escapa la vida, nos brotan las lágrimas y nos deja huérfanos la tristeza.

Para los cristianos, y seguro que para otras muchas personas, ha sido un golpe muy duro. La dicha que hemos tenido durante cuatro siglos ha desaparecido. Sólo nos queda lo externo, esa fachada inolvidable de columnas salomónicas donde todos los escolares de Almansa han comprendido mejor ese concepto del arte. Y, ¿por qué no decirlo? lamentar que otro edificio emblemático pase a la propiedad privada y no haya servido para otro fin más digno que la propia restauración gastronómica. Supongo que los representantes de la Iglesia y del Ayuntamiento nos deben a los almanseños una explicación.

Sabemos de los repetidos menosprecios por parte del anterior Alcalde a nuestras monjicas. Quizás esto explique el desaguisado del resultado final de las negociaciones. También nos consuela y reconforta, a nivel institucional, que el actual Alcalde presidiera la despedida y transmitiera a nuestras monjas deseos de buenaventura y felicidad allá donde vayan.

Gracias merecidas a los miembros de la banda y del coro de la Unión Musical. Valió la pena escucharles, además de otras composiciones musicales, el Himno de la Coronación que tensó nuestros sentimientos hasta dolernos el alma y ponernos un nudo en la garganta.

Quizás por todo ello, el pasado día 2 de agosto, un joven ciego del Coro de la Unión Musical de Almansa, cantó con rabia contenida y lágrimas en su corazón.

Cyrano de Bergerac.
15 de Agosto de 2007.


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